Desde las aulas de Caraz hasta convertirse en profesor emérito de la Pontificia Universidad Católica del Perú y recibir el grado de Amauta de las Palmas Magisteriales, Uldarico Malaspina ha construido una carrera marcada por una misma convicción: las matemáticas deben desarrollar el pensamiento crítico antes que la repetición de procedimientos. Para el educador ancashino, la curiosidad, el análisis y la capacidad de formular preguntas son habilidades que deberían ocupar un lugar central en la formación escolar. Su vocación nació desde niño, impulsada por maestros y por el entorno familiar que lo retaba a resolver problemas más allá de los ejercicios convencionales. Esa inquietud lo llevó a estudiar Matemática Pura y, posteriormente, a dedicar más de cincuenta años a la formación de docentes, investigadores y estudiantes en distintas regiones del país. A lo largo de ese camino ha recibido diversos reconocimientos, aunque sostiene que su mayor satisfacción ha sido contribuir a mejorar la enseñanza de las matemáticas. Malaspina insiste en que los conceptos matemáticos están presentes en situaciones cotidianas y que cualquier experiencia puede convertirse en una oportunidad para aprender. Su propuesta cuestiona un sistema educativo donde la memorización aún predomina en muchas escuelas y plantea una enseñanza orientada a comprender, razonar y tomar decisiones con fundamento. Mientras el país continúa enfrentando brechas en los aprendizajes escolares, la experiencia de docentes como Uldarico Malaspina vuelve a poner sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿está formando el sistema educativo estudiantes que solo repiten respuestas o ciudadanos capaces de analizar, cuestionar y resolver los desafíos de su realidad?