El equipo dirigido por Didier Deschamps volvió a responder en una instancia decisiva. Tras un primer tiempo cerrado, los goles llegaron en la segunda mitad: Kylian Mbappé rompió el empate y Ousmane Dembélé sentenció el partido al minuto 66. Con esa ventaja, los europeos administraron el cierre del encuentro y se instalaron entre las cuatro mejores selecciones del torneo. Marruecos llegó al duelo respaldado por una campaña sólida y con la expectativa de prolongar su recorrido mundialista. Sin embargo, no logró repetir la eficacia mostrada en fases anteriores. Aunque resistió durante buena parte del compromiso, le costó generar peligro sostenido frente a un rival que supo aprovechar mejor los momentos clave. El triunfo refuerza el peso competitivo de la selección francesa, que avanza sin una actuación desbordante, pero con la contundencia necesaria para resolver partidos de alta presión. La siguiente prueba será distinta: en una etapa donde los errores suelen tener costo definitivo, el margen para corregir se reduce. La clasificación cumple con lo esperado, pero el Mundial aún exige respuestas. El próximo partido mostrará si el conjunto de Deschamps puede sostener su nivel cuando la presión aumente y la final empiece a quedar a un solo paso.